Memorias USB y videojuegos, una combinación letal.

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Desde convertirse en consola a crear leyendas, no hay nada que las memorias USB no logren.

No hace falta decir que el ocio digital avanza a pasos agigantados. Géneros para todos los públicos y aventuras cada vez más grandes lo convierten en un sector en boga, aunque no hay que olvidar sus modestos comienzos, claro.

Al principio fue el casete, con sus colores chillones y sus tiempos de carga tamaño merienda, y luego llegaron los disquetes (primero de cinco y cuarto y luego de tres y medio), con una capacidad impensable hasta el momento. Aún así, todos ellos tenían una capacidad tan pequeña que ahora se nos hace imposible creerlo. De hecho, el mayor de ellos, el disquete de tres pulgadas y medio, almacenaba sólo 1,4 megas, 20 mil veces menos capacidad que una memoria USB actual.

Videojuegos de bolsillo.

Teniendo esto en cuenta, es normal que haya amantes de lo retro que disfruten convirtiendo estos dispositivos en juegos portátiles que, como en los viejos tiempos, tan sólo tienes que enchufar para disfrutar. Y no uno ni dos, sino decenas de ellos, de cualquier época, plataforma y estilo, como los que puedes ver en este link.

Pero no nos quedemos ahí. Incluso en consolas hechas y derechas, como la Play Station 2, podemos utilizar a nuestros pequeños amigos para cargar juegos. Al fin y al cabo, es más cómodo tener un Pendrive que una pila de CDs.

La consola más pequeña del mundo cabe en una memoria usb: su nombre es GameStick y, como los dispositivos de antaño, sólo hay que conectarla a un televisor para empezar a disfrutar.

De cartucho a consola.

Y, una vez metidos en faena, no había razón para no llevarlo más allá. De hecho, como ya comentamos, es posible introducir un ordenador personal en un USB, por lo que no es extraño que, al final, alguien haya creado la consola más pequeña del mundo.

Su nombre es GameStick y, como los dispositivos de antaño, sólo hay que conectarla a un televisor para empezar a disfrutar. Este aparato combina la portabilidad y la conexión wireless de un mando con la potencia de las máquinas de última generación, permitiendo que te diviertas allá donde quieras.

El grial de los USB.

Lo que queda claro es que siempre habrá alguien que lleve el límite del gaming un poco más allá. Una de estas personas es Jason Rohrer, diseñador de videojuegos y programador. Él es el cerebro detrás de una de las más polémicas genialidades del mundillo: Chain World.

La premisa es fácil: una copia única de Minecraft, contenida en un único dispositivo autoarrancable, que el receptor ha de jugar una sola vez, esto es, hasta que muera. Entonces, ha de pasarlo a otro jugador digno, y siempre sin dejar mensajes a su paso y sin poder hablar de lo que allí vio.

A día de hoy no se sabe quién lo tiene, ni si existe todavía, ni mucho menos qué hay dentro de ese mundo. Sólo queda la historia de un pendrive con aspecto metálico que pasa de mano en mano alimentando los rumores con cada receptor.

Una leyenda tan grande que ni siquiera una memoria USB es capaz de contenerla.

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